El Acontecimiento Redentor Parroquial es un tiempo de gracia, un evento muy importante, una experiencia fuerte como iglesia, experiencia que es vivida en comunión y en fraternidad. Marca el inicio de un nuevo despertar.
Este acontecimiento es redentor, porque revive, reanima, despierta. Jesús, por medio de su muerte y resurrección, es el que salva para “que seamos uno como tú y yo somos uno”
¿En qué consiste la salvación?… en alcanzar la comunión plena con Dios y con los hermanos el poder, con la gracia de Dios, construir una Iglesia comunión y participación.
¿Por qué es redentor lo que pretendemos vivir este año?… porque nos ayudará a salir de nuestro aislamiento e individualismo y a crear una relación de hermanos con los vecinos, por medio de la participación activa en nuestras comunidades zonales, movimientos, grupos y hermandades.
Esta tiene que ser una experiencia vivida por toda la comunidad parroquial. Que nos ayude a entrar en confianza con las personas, relacionarnos, compartir alguna cosa, vernos como hermanos, comenzar a ver a Jesús en el otro, despertar la capacidad de perdonarnos, acogernos…… todo enfocado a conseguir vivir el acontecimiento redentor.
¿Por qué fortalecer la comunidades zonales?……
Entre los retos importantes que se nos presenta para hacer realidad una iglesia diferente, donde todos tengamos la oportunidad de aportar, participar es fortalecer las comunidades zonales.
Los primeros cristianos entendieron que la fe la tenían que vivir en pequeñas comunidades donde compartían: la escucha de la Palabra de Dios, la oración, el partir el pan y la caridad, por lo que nadie pasaba necesidad.
La salvación ocurre en la comunión con los demás (santidad comunitaria). Dios quiso salvarnos en comunidad (LG. 9): “Fue la voluntad de Dios el santificar y salvar a los hombres, no aisladamente, sin conexión alguna de unos con otros, sino constituyendo un pueblo, que le confesara en verdad y le sirviera santamente”. “Al cielo se llega en colectivo, no en motocarro”.
Quien nos reúne no es solamente la amistad o el mismo pensamiento: la Iglesia es la comunión de todas las diversidades, es decir, los cristianos somos capaces de reunirnos y vivir la fe con quienes son distintos y piensan diferente.
Solamente cuando confrontamos nuestra vida con la fe, con la ayuda de los hermanos, entonces podemos crecer como cristianos. Por ello estamos llamados a ofrecer continuamente a todas las personas la oportunidad de participar.
La comunidad cristiana la formamos con todos: jóvenes, adultos, niños: es un espacio de diálogo entre generaciones, que tanto necesitamos
La fe no se vive y celebra sólo con los sacramentos. Necesitamos un espacio periódicamente, en el cual no estemos únicamente de espectadores, sino que seamos parte activa. Por lo que mínimamente debe ser reunión mensual.
La fe y la vida cristiana crecen cuando se confrontan. No podemos ser cristianos de nombre, sino de vida, para ser sal y luz en medio del mundo. La fe tiene repercusiones en la vida diaria, en cada momento y lugar donde nos encontramos: familia, trabajo, estudio, recreación,… Es la forma de ser cristianos comprometidos en la construcción de un mundo mejor.
Los encuentros nos educan al diálogo y favorecen la intercomunicación de la fe. Somos sujetos y destinatarios al mismo tiempo, enriqueciéndonos con la riqueza de los hermanos.
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